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Cuidado con las enfermedades inflamatorias intestinales

No son normales las molestias intestinales, que generalmente desembocan en síntomas muy incómodos, como las deposiciones siempre blandas o líquidas. No es normal pero en Chile solemos no hacerles caso hasta que se vuelven complicaciones crónicas y, en los casos peores, enfermedades graves.

Hay que estar atentos a síntomas asociados: si la inflamación intestinal dura demasiado, si se suman dolores intensos y permanentes y/o bajas o subidas de peso muy repentinas o exageradas; entonces, hay que consultar con algún médico especialista.

Se dice que la inflamación intestinal continua está relacionada con predisposiciones genéticas, determinados factores ambientales, características de la flora intestinal, dietas inconvenientes y/o como respuesta inmune anómala a la suma de estos elementos que, combinados, actúan como detonante en un determinado paciente. Y, ojo, que según algunos estudios, este problema suele manifestarse durante la adolescencia y la adultez temprana.

Hay que estar atentos a las comunicaciones que nos llegan desde el colon. Si sufres de cualquiera o una sumatoria de estas complicaciones, debes ir al médico de inmediato: fatiga continua, dolor y/o calambres abdominales, sangramiento rectal/heces con sangre, urgencia continua por defecar, náuseas/vómitos, diarrea, fiebre. Podrías sufrir de alguna de las dos enfermedades inflamatorias intestinales (también conocidas como EII), una es la enfermedad de Crohn y la otra se llama colitis ulcerosa.

Las EII son peligrosas pero tratables. El problema es que en muy poco tiempo atacan al sistema inmunológico del individuo enfermo, que normalmente se afecta con otras complicaciones médicas. Se estima que en Chile las padecen unas 15 mil personas, se sabe que  no hacen diferencia entre géneros y que se manifiestan habitualmente entre los 15 y 35 años de edad.

Para evitar problemas serios puedes tomar algunas medidas de auto-cuidado: manejar el consumo de alimentos y bebidas irritantes, como alcohol, gaseosas, alimentos cafeinados, condimentos irritantes como ají, comino o pimienta; jugos de frutas concentrados, grasas animales, alimentos con edulcorantes, lácteos y café descafeinado. Y agrega a tu dieta gradualmente alimentos ricos en fibras y granos enteros, como frutas y verduras frescas y suplementos de fibra para minimizar trastornos durante la defecación. Bebe agua abundante, unos dos litros diarios. Has ejercicio regularmente para que bajen tus niveles de estrés. No fumes. Y ten cuidado con automedicarte, porque podrías encubrir los síntomas reales de un padecimiento de base, como una enfermedad celíaca o la propia Crohn.

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