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Mindfulness: la meditación más simple y eficaz del mundo

Foto: Concious life shop

Aquella práctica conocida internacionalmente como Mindfulness podría ser traducida al chileno como “meditación con atención plena”, y no podría ser más simple: toma asiento, relaja tu cuerpo, presta atención a tu respiración y, cuando tu mente divague y se vaya para cualquier parte, regresa. ¿Cómo se logra?

Primero encuentra un buen lugar en tu hogar, que idealmente no esté demasiado desordenado y puedas estar algo de silencio. Si no tienes un lugar así, encuentra un momento de la jornada en tu casa donde reine la tranquilidad: en los hogares con niños, normalmente eso ocurre en las noches y/o las mañanas.

Importante: apaga luces, que sea a oscuras o con luz natural. Incluso puedes sentarte al aire libre si quieres. Pero elige un lugar con poca distracción.

Elige la cantidad de tiempo durante la cual vas a meditar. Consejo: comienza con 10 minutos. Si puedes más, perfecto, pero no te obsesiones con tiempos largos; eso vendrá con el tiempo y la práctica. Usa un temporizador para practicar (puede ser el de la cocina o, incluso, el del celular. Pero si puedes compra un cronómetro para que el teléfono móvil no pueda interrumpirte): así no estarás pendiente del paso del tiempo.

Si puedes sentarte son las piernas cruzadas sobre un mat de yoga o una frazada, perfecto. Sin embargo la forma de sentarse no puede ser un impedimento. Si por alguna razón te incomoda sentarse en posición de yoga, hazlo tranquilamente sobre una silla. Lo importante es que estés cómoda: debes poder relajarte mientras estés sentada.

Siente tu respiración. Algunos especialistas dicen “síguela” mientras sale y entra; algunas versiones ponen más énfasis en la exhalación, que es el momento en el que los músculos naturalmente se relajan. De cualquier forma, pon atención sobre la sensación física de respirar: el aire que se mueve por la nariz, la subida y bajada de tu vientre o tu pecho. Eso se llama respiración consciente.

Sin embargo, inevitablemente tu atención dejará de lado la respiración y vagará; porque esa es la naturaleza de la mente humana: como no tiene tiempo ni espacio definidos, sino que va al futuro y al pasado y vuelve al presente cuando quiere, se va con cualquier estímulo. Pero no te preocupes, no bloquees ni elimines ningún pensamiento. Deja que aquel devenir mental fluya; lo importante es que, cuando te des cuenta de que estás distraída, devuelvas suavemente tu atención a la respiración.

Practica siempre con los ojos cerrados y trata de no hacer ajustes exagerados con tu cuerpo mientras dure la meditación. De hecho, ojalá no te muevas.

En unos diez días sentirás cómo cambia la velocidad de tus pensamientos durante todo el día y cómo mejorarán tus relaciones interpersonales. Y ese solo será el comienzo. Porque tu mente no tiene límites espacio-temporales; por lo tanto, las posibilidades de su desarrollo son infinitas.

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